En la noche de los cuerpos

21/06/2017

Este verso de Alejandra Pizarnik sirve a Esther Ginés para dar título a su segunda novela, una historia breve pero intensa que publica la editorial Adeshoras.

La novela tiene forma de confesión: Cecilia, una joven enamorada de Olivier, un pintor francés que la tiene como musa, decide ayudarle a secuestrar a una desconocida, Laia, en la que ve todo aquello que lleva persiguiendo. A modo de expiación, Cecilia escribe una suerte de memorias dirigidas a Laia, en la que explica cómo llegaron al extremo del secuestro, los pormenores del mismo y sus consecuencias.

Quien de primeras lea la breve exposición del argumento del párrafo anterior se puede llevar a engaño, más si conoce los gustos de quien reseña. Pese a que este libro comparte algún rasgo con las novelas sobre secuestros (temática, personaje siniestro, estilo sencillo), En la noche de los cuerpos no se parece apenas a obras como Sarna con gusto o Delincuentes de medio pelo. La narración se divide en cuatro partes narradas en primera persona: la primera tiene la voz de Laia la mañana del secuestro, después pasa a Cecilia, quien tras una breve exposición da paso al cuerpo principal de la novela, y cierra un breve epílogo con las consecuencias de su propio relato. Pero en lugar de seguir un estilo de narración lineal, la trama se desarrolla serpenteante, dando saltos entre las motivaciones de Cecilia, los hechos del secuestro y las vivencias anteriores de la joven, evitando hacerlo de forma cronológica, invitando a una lectura más reposada.

El inconveniente que puede surgir de esta forma de narrar menos convencional lo solventa la autora con el estilo: sencillo, claro, con frases cortas y sin artificios innecesarios. La lectura es ligera, lo que permite ahondar en las profundidades psicológicas que llevan a Cecilia a colaborar en un secuestro. Si bien esta sencillez la emparenta con la novela negra, como se ha dicho arriba, es una sencillez mucho más poética e intimista que las habituales cuchilladas con las que se despacha el género negro. Hay que alabar la elección de estilo: no sólo facilita una lectura que podía convertirse en un fárrago considerable, sino que está perfectamente conseguido, siendo evocador y lírico al mismo tiempo.

Hay dos elementos del libro de los que cuesta hablar, para no arruinar el misterio con el que se afronta la lectura de esta novela: personajes y el arte y literatura mencionados en la misma. En cuanto a los primeros, el peso recae en el trío protagonista, con apariciones puntuales de los padres de Cecilia y una especie de aya que cuida de la joven después de los acontecimientos principales, aunque de estos últimos apenas destaca la madre. Huelga decir que, dado que Cecilia es la narradora conocemos sus motivaciones más a fondo que del resto, pero el retrato que pinta de Laia es no menos poderoso, a base de sus pocas palabras y muchos silencios. Olivier aparece retratado a pinceladas, como si de un boceto se tratase, pero no queda peor definido por ello. Su presencia es más vaporosa a ratos, pesa su ausencia en otros, y cuando aparece tiene toda la intensidad que se le requiere.

En lo tocante a las artes, a servidor le ha resultado particularmente agradable la presencia de los pintores elegidos, que son muy de mi gusto. Las reflexiones a propósito del papel de las mujeres en el arte son otro de los aciertos del libro, aunque no se ahonde en ellos para evitar arruinar sorpresas. La poesía es el otro arte de gran importancia en la novela. Además del título, unas veces aparecen versos de otros poetas a lo largo de la narración, otras se usan para describir a alguno de los personajes. Por mencionar alguno que no sea relevante para la trama, a la cita de Pizarnik con la que se abre y titula el libro la acompaña otra de Charles Bukowski. Y sin destripar gran cosa, añadir que la sombra de Shakespeare es alargada. Tanto arte como poesía están perfectamente hilados en la narración, permitiendo que fluya con naturalidad como parte lógica de la historia y no como artificio introducido con calzador por la autora.

No me gustaría cerrar esta reseña sin una reflexión que no tiene que ver estrictamente con la novela. He tenido la fortuna de charlar con Esther varias veces y ambos hemos expresado la misma queja: la dificultad que tienen los autores jóvenes españoles de hacerse un hueco en el mundo literario. Es cierto que de vez en cuando se apuesta por autores que no se ciñen a lo que dictan los gustos más convencionales, pero se tiene la sensación de que o escribes el best-seller del momento o nadie dará un duro por ti. Es verdad que, si bien En la noche de los cuerpos se aleja de la narrativa más tradicional, es una novela al alcance de cualquier público: aunque requiere algo más de esfuerzo de lo habitual, se lee con facilidad, es entretenida y no renuncia a entrar en temas trascendentales. Servidor opina que con un poco de apoyo de una editorial algo más grande y un márketing apropiado, se estaría hablando de Esther Ginés como de una de los nuevos talentos nacionales a los que prestar atención, tanto en prensa tradicional como en medios digitales especializados. Por eso hay que dar las gracias a la editorial por hacer esta apuesta, y desear que otros sellos se animen y apuesten por autores españoles jóvenes y talentosos, sobre todo si se llaman y escriben tan bien como Esther Ginés.

Cuchillo de palo

11/10/2016

Como ya viene siendo habitual, cada vez que César Pérez Gellida saca novela nueva tengo una cita en la librería y otra con mi faceta de reseñista literario, que además últimamente se ha convertido en mis pocos encuentros con la prosa y mi página web, una tendencia que espero cambiar, aunque no prometo nada.

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Seis días

19/07/2016

Esta novela es una de ésas que, aunque capten tu atención cuando te enteras de su existencia, tardas un tiempo en leer. Si no recuerdo mal, fue este artículo en la revista Contexto el que me puso tras la pista de este libro, pero no ha llegado a mis manos hasta ahora. Y es una lástima haberme perdido Seis Días todos estos meses.

Ryan Gattis no estuvo en los disturbios de Los Ángeles de 1992, pero dada la recurrencia de los mismos en conversaciones que iba manteniendo con un grupo de grafiteros de South Central, estuvo dos años y medio documentándose para poder escribir Seis Días (All Involved, edita Seix Barral con traducción de Javier Calvo), una novela que se articula en torno al relato en primera persona de diecisiete personajes implicados de algún modo u otro en los disturbios. La mayoría son miembros de la banda de Gran Destino, pero también hay un bombero, una enfermera, un misterioso personaje que pertenece a alguna rama del ejército, un yonqui, un traficante, o un veterano de Vietnam totalmente desquiciado.

La acción se desencadena con el asesinato de un joven mexico-americano llamado Ernesto, que trabaja en un puesto de tacos en Lynchwood, South Central. Ernesto no está implicado en ninguna banda, pero paga las consecuencias de que sus dos hermanos pequeños sí lo estén. A partir de ahí se produce un efecto dominó que conduce a venganzas, robos e incendios entre bandas rivales, todo narrado con un ritmo feroz que no da apenas tregua al lector. Gattis acelera desde el primer minuto y no suelta al lector hasta el final, ni aún cuando llegan curvas cerradas. Y a pesar de que sean diecisiete puntos de vista los que se nos ofrece, están perfectamente hilados, no hay ninguno que esté fuera de lugar o sobre. A quien le guste buscar las costuras a la trama se las va a encontrar perfectamente rematadas.

Cada uno de los personajes están perfectamente definidos, incluso aquellos cuyo capítulo apenas ocupa unas páginas. Todos sin excepción tienen claros y oscuros que el autor muestra, pero no juzga. Incluso los pandilleros más violentos tienen algún detalle, algún gesto que invita al lector a simpatizar con ellos. Son otros personajes y no el autor los que ayudan a poner en perspectiva que estos muchachos, a pesar de ser muy jóvenes, matan, roban, extorsionan, trafican y consumen drogas. Pero no se nos presenta como una historia moralizante de la que haya que sacar conclusiones sobre lo bueno o malo de los actos de sus protagonistas. Es una historia descarnada, cruda, en la que unos pagan las consecuencias de actos propios o ajenos, sin un sentido estricto de la justicia. Durante los seis días que duraron los disturbios las leyes quedaron en suspenso e imperó el todo vale, la ley del más fuerte. Es el lector quien ha de sacar las conclusiones sobre el destino de los personajes. Y no son las más halagüeñas en general. Huelga decir que la propia ciudad de Los Ángeles no es un mero escenario, sino otro personaje más de la trama.

El estilo de Ryan Gattis ha suscitado comparaciones positivas con series como The Wire o The Corner, ambas creadas por David Simon para la HBO. Las similitudes son evidentes, tanto en la forma episódica y coral de la narración como en la crudeza de lo que se cuenta, así como en la ambientación en los barrios marginales de las ciudades de Baltimore las unas y Los Ángeles la otra. Tanto es así que la HBO ha comprado los derechos televisivos de Seis Días, noticia para poner los dientes largos a cualquiera. Si además confirmasen a David Simon a los mandos de la serie, las expectativas serían estratosféricas. En lo literario, se ha comparado a Gattis con Dennis Lehane o George V. Higgins, y aunque tiene similitudes con ambos, la comparación más acertada es la que hacen con Richard Price, autor de Clockers y Los Impunes, además de guiones para cine y televisión como El color del dinero o la propia The Wire. Ambos comparten la forma de describir escenarios de forma precisa pero no prolija, la definición de unos personajes contundentes y la ausencia de una mirada crítica con ellos: como el buen documental, dejan el juicio al lector.

Un punto donde me gusta pararme cuando leo novelas que están escritas originalmente en inglés es en la traducción, no en vano tiran los estudios de Filología Inglesa del arriba firmante. En este caso la traducción la firma Javier Calvo, un valor seguro en el oficio. Normalmente presto bastante atención a calcos que chirrían o a expresiones en jerga. En esta ocasión no hay pegas que poner con los primeros, y por lo que se deduce de lo leído, no hay mucha jerga en el original, o no es demasiado intrincada. Hace no demasiado tuve que dejar “Breve historia de siete asesinatos”, que compré en inglés, porque me perdía con el slang jamaicano (tampoco ayudaban las horas intempestivas ni la situación personal, pero eso es problema mío). En general, el trabajo de Calvo es bueno, pero cuesta emitir un juicio justo sin haber comparado original y traducción. Pero si aplicamos una frase que leí en internet, no news means good news, la falta de noticias son buenas noticias, podemos hablar de que el trabajo de Calvo son buenas noticias.

Hace unos años, un amigo de entonces y yo repetíamos a menudo una frase de la adaptación de Miedo y Asco en Las Vegas que dirigió Terry Gilliam, aunque no tiene tanta gracia como la que nos hacía a nosotros. En un momento dado, Raoul Duke (Johnny Depp) se hace pasar por piloto de la carrera que en realidad ha ido a cubrir. Cuando le preguntan qué moto conduce, él responde “Una… ¡de las cojonudas!”. Así leído no es la frase más memorable o divertida de la película, pero no se me ocurre mejor definición que ésa para esta novela. Seis días de Ryan Gattis es una de las cojonudas. Leedla, pero ya.

Al final, muere

16/06/2016

Este segundo libro de Paula Aguirrezabala no entraba en mis planes de lectura, pero una de esas vueltas que da la vida me llevó a interesarme primero y a hacerme con él después.

 
“Al final, muere” nos presenta a Candela, una asesina exquisita, que ha cambiado su España natal por Estados Unidos, donde acaba mezclando el placer que obtiene matando y el dedicarse a ello como profesión. Debido a su particular método resulta ideal para quienes deciden contratar sus servicios. En medio de esta vida tan peculiar hay tiempo para una extraña relación con un hombre, Espéns, castellanización que Candela impone a Spencer Reid y que suena más catalán que castellano; y la aparición de un extraño libro llamado “Ouija”, que llegó a manos de Candela directamente de su autora, Paula Aguirrezabala. Este libro será el detonante que lleve a la novela a su fin.

 
Aunque formalmente se nos presenta este libro como una novela, hay bastante más que eso. El hilo conductor son unos capítulos que alternan el punto de vista de Candela, el de Espéns y la narración en tercera persona, dando la impresión de ser una serie de relatos cortos con unos protagonistas comunes. También están salpicados por los poemas que, de vez en cuando, escribe Candela. En cuanto a “Ouija”, es una colección de poemas y textos breves de prosa poética intercalados en mitad de la narración como punto de inflexión de la narración principal. Con estos ingredientes es difícil decir que ésta sea una novela al uso.

 
Cuando compré el libro, era consciente de que no iba a encontrarme la típica narración negrocriminal. También de que el estilo que destilan los tweets de Paula no es el que más me guste, sin que signifique ello que sea peor que otros, sólo distintos. Que no se equivoque quien tenga dudas: en “Al final, muere” hay asesinatos explícitos, la sangre brota a borbotones, los golpes duelen y parten huesos; en ese sentido no hay sitio para memeces. También aparece algo clásico del género: los diálogos rápidos, chispeantes, cargados de respuestas irónicas que parecen estocadas verbales. Es una marca de género que Balló y Pérez en “El mundo, un escenario” rastrean hasta “El sueño de una noche de verano”, con parada y fonda en “The Big Bang Theory”. El resto del estilo se aleja del áspero y cortante universo noir para optar por uno más poético, cargado de metáforas, manteniendo la sencillez del lenguaje de las novelas del estilo.

 
El personaje de Candela domina toda la narración. Es una psicópata de manual, fría, y despiadada, la perfecta ama de una mazmorra BDSM tanto por personalidad como por estética, arrogante, de lengua afilada y divertida, al tiempo que rabiosamente humana: le gusta el tacto de la fruta y que su compañero de armas lleve el chaleco de lana granate con el que está tan guapo. Se indigna con ciertos comportamientos humanos, y aprovecha para atizar al patriarcado o a la tiranía psicótica de las hordas de Karl Lagerfeld (el nombre de él no aparece en el libro, es de mi cosecha), que martirizan a adolescentes con unos kilos “de más” hasta el punto de llevarlas al suicidio. Su costumbre de matar sólo a quien lo merece la emparenta con Frank Castle, The Punisher, aunque sea el único rasgo que tienen en común, pues ella seguiría matando a los buenos si se le acabasen los malos, algo que Castle no permitiría. Mientras leía se me pasó la cabeza que sería divertido un crossover con estos dos personajes intentando asesinarse mutuamente, con la posibilidad de un polvo entre medias: Candela sería capaz de seducir a quien quisiera, y no sería improbable que se encaprichara del fornido ex-veterano de Vietnam, y sabemos que Castle no es de piedra, como vimos en la saga MAX con Garth Ennis al guión.

 
El personaje de Espéns es el contrapunto de Candela. Ella llega a la escena donde él recibe una paliza y le salva de ser acuchillado. Después acaban conviviendo juntos en una extraña relación: son cómplices en el crimen, pues él fue un reputado criminólogo hasta que se vio obligado a dejar el F.B.I. por un incidente saldado con una muerte. Ella aprovecha la memoria eidética y el coeficiente 187 de él (como un Sheldon Cooper reconvertido a personaje de C.S.I.), para planear sus letales trabajos, y él es su cómplice y encubridor. Él está fascinado con ella y ella le encuentra tierno y adorable a veces, pero no son amantes ni pareja, aunque compartan cama. Su relación coge los habituales conflictos de una pareja que viven juntos, les despoja del sexo y los lleva al extremo gracias a las personalidades de ambos. Si se le puede aplicar la palabra romance, sería uno de los más extraños que conozco.

 
Un hecho trivial como la llegada de un jarrón que Candela no sabe dónde colocar introduce en la narración “Ouija”, el libro que Paula Aguirrezabala regaló a Candela la noche en que Paula presentaba su obra en un bar de Madrid. La particular historia del encuentro hace que ambas mujeres conecten, y que Candela, cosa inhabitual en ella, haga caso a Paula: no leer el libro de inmediato, guardarlo y olvidarlo hasta que reaparezca en la vida de Candela. La presencia de este libro me ha traído un eco lejano de “Nana”, de Chuck Palahniuk, porque el manuscrito original que contiene la “nana de la muerte” y “Ouija” son dos libros venidos del más allá, con un conocimiento (en teoría) no humano. Pero mientras que el manuscrito de la novela de Palahniuk existe pero no se conoce ni forma ni contenido y lleva a una búsqueda del tipo Santo Grial, “Ouija” es tangible,aparece donde menos lo espera la protagonista y podemos leer su contenido.

 
El librito que Paula Aguirrezabala intercala en mitad de “Al final, muere”, son una serie de relatos breves y poemas de corte autobiográfico, donde nos invita a entrar en los abismos de su mente y su personalidad, tejidos con hilo de seda como red de seguridad. En ellos encontramos amores, desamores, impulsos suicidas frustrados, sexo, alcohol, poesía no sólo en forma de poemas, y las fosas abisales de la tristeza, que son familiares al lector, aunque ni siquiera haya descendido unos metros en ella, y en caso de llegar al fondo, mejor no tocar los tapetes blancos de la abuela. Vamos, alegre como un disco de Funeral Doom, lo que no tiene nada de malo, me gusta el Funeral Doom. Son unos pasajes que casan mejor con el estilo que muestra la autora en Twitter y Facebook, y que encajan menos con lo que a mí me gusta, sin que ello los desmejore en relación al resto del libro.

 
Hay algo en la novela que me ha hecho gritar de rabia: ciertas castellanizaciones de palabras extranjeras, algo bastante en boga en estos tiempos. Hay algunas que admito, como Manhattan escrito con jota y no hache, pues la intención del pasaje es claramente humorística, otras como mozzarella sin la doble zeta ni la doble ele, o whisky destrozado con ge y u con diéresis son horribles. Es una de mis manías, por lo que no puedo culpar a la autora, pero me desagrada particularmente, sobre todo si encuentro hermosa la palabra original, como en el caso de mozzarella. También he cazado alguna errata, como ansías por ansias, pero olvidé apuntar la página. Aunque molestas y evitables, las erratas son humanas, no me desagradan tanto como las castellanizaciones innecesarias.

 
No tenía demasiada idea de si este libro iba a gustarme o no, pero lo ha hecho. Se lee con facilidad a pesar de los cambios de estilo y voz narrativa, engancha, es original y divertida. También tiene una gran virtud, y es que Paula Aguirrazabala posee voz propia, reconocible en cualquiera de sus textos, algo que no siempre es fácil de conseguir. Quizá no sea una novela que guste a todo el mundo (es fácil tacharla de gafapasta y hipster), pero merece la pena sumergirse en sus páginas.

Sarna con gusto

20/04/2016

Hace poco más de un año, al abrir las páginas de Khimera de César Pérez Gellida nos encontramos publicidad de su nueva novela, Sarna con gusto, protagonizada por uno de nuestros personajes favoritos, el inspector Ramiro Sancho. Buena forma de poner los dientes largos a los lectores. Desde el siete de abril podemos leer las aventuras del poli pelirrojo favorito de España, y aunque he tardado un poco, ya lo he terminado y aquí está reseña.

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Los hombros de Mireia

20/07/2015

Los hombros son una parte importante en los dichos populares. Después de una gran faena, los toreros salen a hombros de la plaza, mientras algunos nos encojemos de hombros ante dicha exhibición. Dicen que Newton fue el primero en usar la expresión sobre hombros de gigantes para referirse a aquellos cuyo trabajo precedente le ayudaron a formular el suyo propio, pero hubo quien lo dijo antes, aunque quizá su repercusión no fue tan notable. Y cargamos el peso del mundo sobre nuestros hombros cuando adquirimos una gran responsabilidad, sintiéndonos como Atlas cargando el peso de la bóveda celestial tras la derrota de los Titanes en la guerra contra los Olímpicos.

El día 24 empiezan los mundiales de natación en Kazán, Rusia. Incluirán, como de costumbre, natación, natación sincronizada, saltos, waterpolo, natación en aguas abiertas y por segunda vez en la historia, saltos de gran altura. Las esperanzas españolas de medalla recaen en las mujeres. Ona Carbonell capitaneará el equipo de sincro, al que vuelve de forma puntual la gran Gemma Mengual para participar en el dúo mixto junto a Pau Ribas, y donde volverá a enfrentarse a otra leyenda del deporte, la francesa Virginie Dedieu. Las Guerreras del waterpolo defienden el título conseguido en Barcelona 2013, con ello retendrían la doble corona europea y mundial al tiempo que se colocarían como favoritas para los Juegos Olímpicos de Río 2016. Y en la piscina de cincuenta metros tienen opciones de medalla mujeres como Melanie Costa o Duane da Rocha, pero la responsabilidad principal a la hora de conseguir preseas recae sobre los hombros de Mireia Belmonte.

Poco puedo contar de la mejor nadadora española de la historia que no sea conocido por todos. La lista completa de sus éxitos se puede encontrar en Google sin mayor problema, por lo que sólo mencionaré las medallas de plata de los Juegos Olímpicos de Londres, las platas en mundiales, y los oros en europeos y mundiales en piscina corta, especialidad en la que también posee cinco plusmarcas mundiales. Al considerar la piscina corta una especialidad menos importante, algunos aficionados no consideran a Mireia la mejor nadadora del mundo del momento, pues ha de demostrar sus condiciones en la distancia olímpica, en la que no compiten otras nadadoras del más alto nivel. A Mireia le favorece la piscina corta porque requiere más virajes, en los que la de Badalona es especialista.

La cita de Kazán sirve de piedra de toque para Mireia. Llega a ella con casi 25 años, con mucha más experiencia que en los Juegos de Londres, mayor madurez mental, y horas de duros entrenamientos a las órdenes de Fred Vergnoux, quien ya ha declarado en varias ocasiones que la diferencia entre Mireia Belmonte y los demás competidores de ambos sexos es que ella está dispuesta a trabajar más. Su régimen de entrenamiento es de una exigencia sólo al alcance de los mejores. A un año de los Juegos de Río éste es el momento para que Mireia demuestre que en la piscina olímpica es tan competitiva como en la de 25 metros.

Pero ¡ay!, el destino le ha jugado una mala pasada a la nadadora catalana. Los hombros de Mireia, los reales y no los metafóricos, han pedido auxilio de la única forma que conocen: mandando impulsos de dolor al cerebro de la nadadora. No parece que la lesión sea grave, pues se están refiriendo a esos dolores como molestias, pero todos sabemos la verdad: no parece que Mireia vaya a llegar en perfectas condiciones a la cita mundialista, si es que llega. Y eso reduce las posibilidades de subir al podio. Su propio entrenador ha admitido que lo mejor que puede hacer la nadadora es parar e irse de vacaciones, pero su brava pupila insiste en competir en Rusia, siempre con el aprobado de los médicos y fisios. A día de hoy no hay noticias definitivas, aunque quizá se sepa algo más cuando leáis esto. Lo que sí parece seguro es que Mireia no competiría en las pruebas de larga distancia, centrándose en los 200 y 400 estilos, 200 mariposa y 400 estilos. Pensando en ello, no me extraña que los hombros de Mireia se hayan rebelado contra el esfuerzo de prepararse para siete pruebas individuales, entre ellas 800 y 1500 libres y natación en aguas abiertas, cuya distancia mínima son cinco kilómetros. Con semejante carga de trabajo yo también hubiera tenido que decir basta.

Ahora mismo la duda está en si los españoles podemos depositar nuestras esperanzas de medalla en los hombros de Mireia, o tendremos que aferrarnos a lo que hagan las ya mencionadas Melanie Costa y Duane da Rocha en la categoría de natación. Depende no de unos hombros alegóricos, sino de unos reales. No será una tragedia completa, pues el objetivo son las Olimpiadas de Río de Janeiro. Solo que en palabras de la propia Mireia, competir en los mundiales es la recompensa al trabajo duro de todo el año. Todo recae sobre sus hombros, literalmente. De aquí a unos días sabremos la respuesta.

La (in)trascendencia de lo periférico

13/07/2015

Durante muchos años confundí a la banda que había editado un disco clásico del llamado Funeral Doom. Yo pensaba que Trascendence into the Peripheral era un disco de Thergothon, pero es de Disembowelment, ambas bandas pioneras de un estilo que llevaba el lento Doom Metal a un extremo aún más desasosegante y pesado. No os voy a poner un enlace al disco, de hecho, no lo estoy escuchando ni yo, que estoy con el nuevo de High on Fire, infinitamente más accesible a todos los oídos. Pero me sirve para titular un artículo que no tenía idea de qué carajos iba a ir.

Durante semanas me he dedicado a hablar de la trascendencia de lo periférico en el deporte, sobre todo en el fútbol. He pasado de puntillas por encima de la actualidad, buscando detalles en los márgenes, rememorando la infancia, halagando a grandes periodistas o componiendo una extraña oda, nunca mejor dicho, a uno de los mejores futbolistas que han hollado la tierra. Sin embargo, llega la época veraniega y el material escasea.

Entonces surge la pregunta: ¿Qué hacer cuando lo periférico se vuelve intrascendente? ¿Cuando lo que ocurre no te da para un artículo completo porque está sobado y resobado, no lo has seguido más que por crónicas o simplemente no te llena lo suficiente como para producir un artículo mínimamente interesante y que todo salga forzado tanto al escribirlo como al leerlo? En ese caso me invade el famoso bloqueo del escritor, la página en blanco me llena de horror vacui y un artículo de mil palabras se convierte en una tortura maratoniana que tarda horas en estar lista, para desesperación de autor y editor jefe.

No queda otra que estrujarse el cerebro hasta dar con algo que pueda explotarse como artículo deportivo. El problema es el fin de la temporada futbolera y el no seguir en directo otras competiciones deportivas. La cosa está complicada. El culebrón de los fichajes es un muermo para autor y lector del que ya me salí por la tangente dos semanas consecutivas. Las noticias sobre las vacaciones de los futbolistas en la prensa deportiva es una parte de lo que me lleva a confirmar el daño que ha hecho la prensa del corazón al resto del periodismo desde hace veinte años, o más. Podría dedicar un artículo a la imperiosa necesidad que tienen las marcas de ropa en sacar cada año nuevas equipaciones para los clubs de fútbol, las aberraciones como las rayas verticales de la nueva camiseta del Barça o la tendente uniformización de las segundas camisetas, pero más allá de la estupenda idea que han tenido en el Rayo Vallecano de dedicar la franja de la segunda camiseta a la lucha por distintas causas sociales, formando un arco iris que ha propiciado críticas de oportunismo e intentar homosexualizar el mundo y que a un servidor le han dado ganas de comprar; no encuentro en ello un tema lo bastante atractivo para dedicarle todo el esfuerzo de un solo texto.

Tal vez el tema podría ser las elecciones a la presidencia del Barça. La conveniencia o no de convocarlas en verano, sobre si Nobita merece ser reelegido o pateado del puesto, o si de una puñetera vez habría que implementar el voto por internet. No puedo hablar del catalanismo de Laporta porque no se puede hablar de política. Tal vez la cuestión está en la Junta Gestora y sus fichajes, pero el tema para mí está claro, no debería haber fichado y punto. Quizá sea interesante hablar de que Benedito devolvería a Arda Turan si gana, lo que pasa es que en una línea lo despacho: sería un error y creo que le va a restar votos. También podría sumarme a la marea mediática sobre Casillas y su salida al Oporto. Me sucede igual que con lo anterior, tres líneas y a otra cosa: pese a que su rendimiento ha bajado notablemente en el último par de años, creo que no merece una salida por la puerta de atrás, que ha sido un símbolo del madridismo tan importante (o más) que el sobrevalorado Raúl y que ojalá viva una segunda juventud a lo Buffon.

Igual es buen momento para dejar la estrechez de miras y hablar de otros deportes. Al fin y al cabo, ya lo hice con el Mayweather-Pacquiao, aunque más de la mitad del artículo fue para hablar de mi vida cotidiana. Echo una ojeada al As a ver qué se cuece y empiezo a sopesar mis opciones. Anda la NBA en pleno movimiento de traspasos, pero más allá de los 145 millones de Anthony Davis, de la tangana DeAndre Jordan-Mark Cuban o de que sigan en la brecha viejos rockeros como Duncan y Garnett, lo sustancial es la renovación de Marc Gasol por los Grizzlies y, sobre todo, su ausencia en el Europeo de septiembre, un palo duro para la selección. Aunque ojeo por encima la lista y los nombre de su hermano Pau, Felipe, Rudy, Llull, Sergio Rodríguez (a quien deberían cantar de vez en cuando eso de “la rica salsa canaria se llama mojo picón, como hacía el gran Andrés Montes) o Mirotic, junto con una nueva generación de jóvenes llamados a grandes cosas me deja bastante tranquilo. Veo que aún me daría tiempo a ver la final de Wimbledon, con dos grandes como Djokovic y Fereder peleando por la ensaladera, o la carrera de Moto GP, de nuevo con Márquez en la pole, pero tengo que acabar esto antes porque hemos quedado para comer con unos amigos para celebrar el cumpleaños de ella y todavía tengo que ducharme, lo cual me lleva un rato extra para cuidar mis bienamadas greñas.

Si lo pienso bien, lo mejor sería hablar de una puñetera vez de deporte femenino. Que no basta un artículo de vez en cuando dedicado a la tragedia de estrellar un balón en el larguero. De que es buen momento para cuestionar al seleccionador español tanto por su método como por sus formas. De volver a maldecir el nombre del presidente de la federación y de paso del del presidente de la LFP. De alegrarme por Garbiñe Muguruza y la batalla que le planteó a la legendaria Serena Williams en la final de Wimbledon, pese a que no vi el partido. De congratularme otra vez por la selección femenina de baloncesto, que no se baja del podio europeo aunque esta vez el metal de la medalla sea bronce y no oro, pero sigue ahí, lo que indica la solidez del bloque del que se bajan las veteranas y encuentran relevo en las nuevas generaciones. Tal vez aproveche para preguntarme si el lío con Gala León, la federación de tenis y los tenistas sea menos una cuestión de machismo como de malas decisiones federativas, pues no he visto charla de vestuarios tras el nombramiento de Conchita Martínez. Y ya que estoy de paso, alegrarme un montón de que Ruth Beitia no sólo siga compitiendo, sino que lo haga al más alto nivel. Las viejas rockeras nunca mueren y me alegra un montón.

Después de andar meditando un rato, me he dado cuenta de que ninguno de los temas me inspira como para hacerle un solo artículo, pero que trampeando un poco y picoteando de aquí y allá he salvado el día. Robándole descaradamente la idea a Lope de Vega del soneto que le mandó hacer Violante cumplo con mi obligación a mi nivel, no al de Lope. Para llegar a mi nivel hay que hacer prospecciones petrolíferas, pero sin fracking, por favor. Añadiendo de BSO a Watain tributando a Bathory, que ya se acabó el disco de High on Fire. Para que luego digan que no me inspiran los clásicos, musicales y literarios.

Los que no triunfaron

06/07/2015

La semana pasada hice trampas. Oculté cierta información sobre lo que hablé con mi hermano. Es cierto que le pedí la lista que os ofrecí, pero omití que él creía que le hablaba de otra lista: jugadores del Barça y el Madrid que pese a su talento no cuajaron en su paso por dichos equipos. Yo le dije que también me pasara esa lista, así salvaba el culo dos semanas consecutivas. Además, esta vez tengo la ventaja de no haber usado dos párrafos introductorios, por lo que puedo empezar con la lista antes y extenderme más con los comentarios de los jugadores. Algunos jugadores no triunfaron por ser buenos pero no tener el nivel que se exige en estos clubes, otros rindieron por debajo de lo esperado, algunos llegaron ya mayores y alguno por ahí es un caso especial.

Empezaré por el Barça. Para variar el formato de lo que hice la semana pasada, pondré los nombres seguidos y luego daré alguna pincelada de cada uno. La lista incluye a Henry, Ibrahimovic, Zambrotta, Thuram, Albertini, Davids, Mendieta, Sorín, Petit, Overmars, Litmanen, Baia, Blanc y Riquelme.

Henry llegó a Barcelona tarde. Tenía ya cierta edad y se notó. Cierto es que dejó destellos de su gran calidad, pero no brilló de forma tan constante como en su época del Arsenal. En esta misma categoría cae Thuram, pero su caso es más sangrante. Un muro defensivo en sus mejores años, llegó aún más mayor que Henry al Barcelona, siendo una sombra de lo que fue en la Juve y la selección francesa. También las lesiones contribuyeron a su paso poco recordado en el club culé. Litmanen no llegó mayor, sí con el cartel de gran estrella, las lesiones le impidieron demostrar el mismo talento que en el Ajax de Van Gaal. Albertini estaba considerado una promesa de gran estrella en su juventud, se quedó en un buen jugador. Su llegada a Barcelona fue en el ocaso de su carrera y apenas trascendente para el club, él añadió una liga a su palmarés.

Ibra es un caso particular. Durante los primeros meses en Barcelona justificó su rol de estrella marcando goles y asistiendo. Dio el gol de la victoria en el primer enfrentamiento liguero ante el Real Madrid. Pero coincidió con la explosión definitiva de Leo Messi y hacia final de temporada su aportación se fue apagando. Se habló de duelo de egos y de problemas con Guardiola. Acabó saliendo cedido al Milán y luego fichado por el PSG. Pocos recuerdan que igualó el récord de César al conseguir un tanto en cada una de las cinco primeras jornadas de liga, o los 16 goles que anotó en el torneo. Claro que parecen pocos ante los 34 del astro argentino.

Juan Román Riquelme llegó con la vitola de estrella, pero su paso por Can Barça fue tumultuoso. Van Gaal lo desplazó a la izquierda y luego dejó de contar con él. Mejoró sus prestaciones con la marcha del holandés y la llegada de Antic. La llegada de Ronaldinho acabó provocando su salida, cedido y luego traspasado al Villarreal, donde se consagró de forma definitiva.

Otro caso particular fue el de Gaizka Mendieta. Tras alcanzar dos finales de Champions, los sueños del bilbaíno por fichar por el Madrid se vieron frustrados, por lo que acabó en la Lazio. No volvió a alcanzar tan alto nivel como a la orilla del Turia. En el Barça rindió mal, jugando de lateral derecho con Van Gaal, y pese que a fue decisivo al final de temporada, nuevamente reubicado en la zona donde había triunfado en Valencia, pesó más su alta ficha y sus actuaciones de principio de temporada. Este artículo es bastante aclaratorio al respecto.

Baia fue importante en sus dos primeras temporadas, donde logró Copa y Recopa con Robson, y la Liga, Copa y Supercopa en la primera temporada de Van Gaal, pese a la lesión que sufrió. Durante su baja la portería la ocupó Hesp, por el que se decantaría Van Gaal. Baia saldría cedido al Oporto, al que volvió definitivamente en el 99.

Si os soy sincero, no recuerdo demasiado del paso de jugadores como Overmars, Sorín, Blanc o Petit. Al primero le afectó la plaga de holandeses de Van Gaal, pero fue de los mejores, con Hesp y Cocu. Petit fue mucho mejor en el Arsenal que en el Barça. De los otros dos me juega una mala pasada la memoria, seguramente entonces porque veía y entendía menos de fútbol que ahora, aunque quizá también su paso fue lo bastante discreto como para no dejar huella. Igual que el de Zambrotta, que vivió el fin de la era Rijkaard y se marchó antes de que llegara Guardiola.

Con todos eso nombres se podría hacer un once inicial que si bien no sería el mejor de la historia del club, sí sería uno bastante potente, siempre y cuando dichos jugadores hubieran estado en el mejor momento de sus carreras. Sin embargo, si pensamos sólo en su paso por Barcelona no es que sea el once que preferiría el aficionado. Pero imaginar al mejor Henry con Ibra de socio, surtidos de juego por Mendieta y Riquelme, con Baia en la puerta y Thuram y Blanc haciendo de muro defensivo invita a soñar.

Lo mismo pasaría con el Madrid, quizá con la excepción de la portería. Pero en todas las líneas hay futbolistas que podrían haber dado muchas alegrías a los merengues y no lo hicieron. Los nombres son: Panucci, Eto’o, Cambiasso, Soldado, Owen, Samuel, Borja Valero, Baptista, Cassano, Emerson, Mata, Negredo, Robben, Sneijder, Dudek, Metzelder, Heinze, Kaká, Cannavaro y Carvalho. En la lista no está Rubén de la Red, pero bien podría. Quién sabe dónde hubiera podido llegar si no hubiera tenido esos problemas de corazón.

En este caso hay que hablar de ex canteranos del Real Madrid que triunfaron lejos del Bernabéu: Eto’o, Mata, Negredo y Soldado. Quizá el caso más doloroso para el seguidor merengue sea el del camerunés, porque donde mejor rindió fue en el eterno rival. Mata y Negredo no llegaron a jugar con el primer equipo a pesar de haber jugado bien en el Castilla. Soldado sí jugó en Primera, solo que su mejor rendimiento se dio lejos de la casa blanca. También jugó en el filial Cambiasso, pero pasó por Argentina antes de jugar con el primer equipo. Sin embargo, logró sus mejores prestaciones en el Inter, con el que se proclamaría campeón de Europa, junto a Eto’o y Sneijder.

Hablando del holandés, es imposible disociar su nombre del de Robben. Ambos fichados en la misma temporada, ambos salieron del club en la misma temporada con destinos distintos, y ambos ganarían la Liga de Campeones lejos del Bernabéu. Ambos se lesionaron en el conjunto blanco, sobre todo Robben, quien lo hizo con más frecuencia, aunque Wesley estuvo fuera tres meses. Y ambos fueron vilipendiados hasta la saciedad por la prensa, en pleno apogeo de la época Inda como director del Marca. A Robben le dedicaron una portada con el titular “Bien vendido”, y Sneijder fue rebautizado Whisky cortesía de uno de los peores periodistas españoles, Miguel Serrano, a quien sus compañeros llaman Látigo, lo que le valió ser renombrado en los comentarios de la web La Libreta de Van Gaal como Ládrido.

Dos defensores que llegaron a Madrid con el cartel de sólidos jugadores fueron Metzelder y Walter Samuel. El alemán apenas jugó 30 partidos en tres años, mientras que el argentino, llamado Il Muro en la Roma, sólo estuvo un curso en Madrid. Emerson venía avalado por Capello, a cuyas órdenes jugó en la Roma, pero su desempeño estuvo lejos de sus años en Italia, donde también jugó en la Juve junto a otro fichaje de la época, Fabio Cannavaro, quien se había proclamado campeón del mundo en Alemania 2006. Sin embargo ya estaba bastante mayor, por lo que su rendimiento fue bastante menor del esperado. Idéntico caso fue el de Carvalho, quien no era el mismo que entrenó Mourinho en el Chelsea.

Kaká es el caso más conocido por la calidad que tenía, el desembolso que supuso, y el nivel que dio. Seguramente sea el jugador que más veces enterró y resucitó la prensa en su paso por España. Owen también llegó como una estrella y no cuajó, aunque marcó bastantes goles teniendo en cuenta los minutos que jugó. La Bestia Julio Baptista no marcó tantos goles como en su etapa en Sevilla, apenas trece en dos temporadas, por 47 en Nervión. Y qué decir de Antonio Cassano. Delantero talentoso pero de carácter volcánico, tuvo enfrentamientos con todos los entrenadores de la Roma. Su paso por el Madrid es recordado por su claro sobrepeso, algo que él admitiría después, cuando dijo que a España vino a vivir la vida.

Dudek vino de suplente de Casillas, se le recuerda sobre todo por el Alcorconazo, aunque en su despedida fue ovacionado por el Bernabéu mientras el equipo goleaba al Almería. De Valero, Panucci y Heinze apenas recuerdo su paso por Madrid. Los mantengo porque mi hermano los puso en la lista y me fío de su criterio.

Es un misterio lo que sucede con estos futbolistas. Llegan con el cartel de grandes jugadores y sin embargo se les recuerda de forma negativa. Lesiones, edad, falta de adaptación o la dinámica del equipo hacen que no brillen como deberían. Luego uno se queda pensando qué hubiera sucedido si todos ellos hubieran estado en el mejor momento de sus carreras y las lesiones les hubieran respetado. No hay manera de saberlo. eso sí, nos deja grandes posibilidades para un ejercicio de fútbol ficción. Igual de ahí se puede sacar hasta una buena novela.

Esos grandes fichajes

29/06/2015

Se ha acabado la Liga, se han dirimido los ascensos a Primera, he de admitir que no sigo las eliminatorias de Segunda B ni la Copa América, la idea que tengo sobre el draft de la NBA es nula, y mi interés por otros deportes es bastante vago. Así que no me queda más remedio que recurrir al clásico de clásicos del verano: los fichajes. Cuanto más culebronero, más portadas copa en la prensa deportiva. Pero ya sabéis que me gustan esos temas tangenciales más que la actualidad candente, así que pienso en hablar de fichajes a mi estilo.

Para los que no lo sepan, una parte de mis ratos libres lo paso en un foro de lucha libre, el wrestling que popularizó Hulk Hogan en los 80. Es cierto que no lo sigo demasiado, pero sigo metido en una de esas locuras que tanto me gustan, las que llamamos e-feds, o empresas de lucha ficticias creadas y administradas por usuarios, con luchadores creados por cada cual. Además de eso, también se habla de fútbol, sobre todo de la Premier, pues abundan los nacidos en la Pérfida Albión. Hace unos días se hablaba de un rumor que colocaba a Asier Illarramendi en el Liverpool. El autor del mensaje decía que si él fuera fan del Liverpool estaría cabreado. No tuvo la repercusión que sí tuvo el supuesto interés del Olimpiakos en Vermaelen. De ahí se saltó a la clásica cascada de pufos que han fichado por Madrid y Barça, culminada por, cómo no, un vídeo de la legendaria Gravesinha. De ahí salió la idea de hacer una lista de esos jugadores que se ficharon a bombo y platillo y resultaron ser un pufo.

Había un problema, empero. A mí no me gustan demasiado las listas. Acaban saturándome, sobre todo cuando se acumulan las infinitas listas de lo mejor del año, o lo más esperado del próximo año. Ya hablé de ello hace tiempo. Tuve la bendita previsión de decir que reduciría las listas a su mínima expresión, no a negarme en redondo a hacerlas. Aunque todo sea dicho, el 95% del esfuerzo lo ha hecho mi hermano. Él adora las listas. Tiene algunas listas de películas de hasta 400 títulos, incluso puede que alguno más. No sé cuántas de ellas ha visto, ni si planea hacerlo en el futuro, cercano o lejano. El caso es que están en alguno de sus míticos cuadernos de cuadros, tamaño folio. Otras están en alguna de esas libretas tamaño cuartilla que nos regala mi tío de vez en cuando. Yo sabía que en su día hizo una lista de esos pufos, centrándose en los del Barça y el Madrid. Él no se acordaba, en cambio yo recordaba específicamente en qué libreta estaba. Y como tenemos la bendita manía de acumular todo tipo de mierda, algo que por supuesto saca de quicio a mi madre, la lista apareció. Dos fotos con el móvil, una por lista, dar a la tecla de envío en el WhatsApp, y mi hermano me salvó el culo para el artículo de la semana. Os traigo lo mejor de cada casa, añadiendo alguno que se escapó de las redes. Una advertencia: que alguno de estos jugadores no merezca ser calificados de pufo depende del lector. Desde luego no tenían o no dieron el nivel que se les suponía.

Empiezo por el Madrid porque uno de los primeros culebrones veraniegos que recuerdo, al menos por encima, es el de Claudemir Vítor. Como sólo recordaba que después de copar portadas apenas jugó, he indagado un poco sobre él y descubierto que, en realidad, lo ficharon para que más adelante Cafú llegase a la casa blanca, cosa que nunca hizo. Pese a jugar tres partidos nada más, en Brasil es más valorado y respetado que aquí. Y además de su fiasco, resulta que también está unido al Real por ser la primera de las dos víctimas de Raúl en el famoso regate del aguanís de la Intercontinental del 98. Cosas de la vida. Antes que él llegó Spasic, por el que se llegó a pagar 200 millones de pesetas y se le recuerda por un autogol contra el Barça. Y hablando del Barça, ambos conjuntos estuvieron peleando por la contratación de uno de los pufos más laureados (Tres champions) de la historia, Karembeu, del que se recuerda más su matrimonio con la espectacular Adriana Sklenaříková, considerada la modelo con las piernas más largas del mundo. Allí compartió vestuario con Iván Campo, uno de los hombres más feos de la historia, y a quien las islas británicas trataron mejor que su paso por el Madrid. De Inglaterra vino Jonathan Woodgate, otro futbolista con mejor cartel del que se recuerda por aquí, lastrado por un año de lesiones y dos autogoles en los diez partidos que disputó en su segunda temporada. Ahí coincidió con el Ogro Thomas Gravesen, rocoso centrocampista a quien le fue mejor en Inglaterra y Alemania. Eso sí, nos dejó algunos detalles que recopila este divertido vídeo.

Como veo que me extiendo, dejo algunos otros nombres de la lista, algunos de ellos no fichados, sino sacados de la cantera, no sin antes mencionar los kilos de gomina que consumía Perica Ognjenovic. Ahí van otros nombres: Elvir Balic, Dejan Petkovic, Edwin Congo, Albano Bizarri, Carlos Secretario, Manuel Canabal, Flavio Conceiçao, Javier Portillo, Javi García, Julien Faubert, Pedro Munitis, Sergio Canales, Paco Pavón, Pablo García, Geremi Njitap, Zé Roberto, Fernando Sanz, Fabio Coentrao, Tote y el inmortal Royston Drenthe. Aparece en la lista un nombre que mi memoria ha decidido enviar al desagüe, pues soy incapaz de ubicar a un tal Balboa, ni habiendo visto su jeta en Google.

Pasemos al Barça. El legado de Johan Cruyff es indiscutible, pero también nos ha dejado fichajes inexplicables, empezando por Romerito. Pero fueron más sonadas las incorporaciones e incorporaciones al primer equipo de los dos últimos años de la etapa del holandés, la del fin del Dream Team. Quizá el más notable fue Xavier Escaich, supuesto sustituto de Julio Salinas, que jugó tres partidos de suplente y marcó un gol, justo al equipo del que se le fichó, el Sporting de Gijón. Uno de los que le cerró el paso fue otro de esos pufos históricos, Igor Korneiev. Otro que pasó sin pena ni gloria esos días fue Xabier Eskurza. Ante la falta de gol, se fichó a Meho Kodro, que venía de marcar 25 goles con la Real Sociedad, y aunque no creo que entre en la categoría de pufo ni de broma, su rendimiento no fue el esperado, por desgracia. Tampoco aportó los tantos que se esperaba Ángel Cuéllar. En la portería, primero Carlos Busquets, padre de Sergio, y Jesús Angoy, yerno de Cruyff, trataron de llenar sin éxito el hueco que dejó Zubizarreta. Del filial salieron varios jugadores prometedores, que se quedaron en discretos (los hermanos Óscar y Roger García), uno algo mejor (Celades) y un hombre que apuntaba a gran estrella pero se quedó en un muy buen futbolista, Iván de la Peña, cuyo segundo paso por Can Barça fue para olvidar, y eso que no fue culpa suya. El Barça de los holandeses nos dejó a clásicos como Ronald de Boer, Bolo Zenden y el legendario Winston Bogarde.

Igual que con el Madrid, no voy a alargarme demasiado y suelto otra retahíla de nombres: Dragan Ciric, Christophe Dugarry, Emmanuel Amunike, Samuel Okunowo, Frédéric Dehu, Dani García Lara, Émmanuel Petit, Richard Dutruel, Fábio Rochemback, Rüstü Reçber, Geovanni Deiberson Maurício, Mario Abrante, Maxi López, Iván Iglesias, Francesco Coco, Oleguer Presas, Philippe Christanval, Sonny Anderson, Keirrison de Souza, Alexander Hleb, Douglas Pereira, Thomas Vermaelen, Santi Ezquerro, Henrique Adriano Buss, y por supuesto el favorito de la afición, Dmitro Chigrinskiy. Añadiría un nombre a la lista debido a la nula repercusión de su paso por el club, pero el trágico final de Robert Enke me lleva a dejarlo fuera.

Cuando uno se pregunta por qué demonios algunos de estos futbolistas llegaron a vestir la camiseta de los dos equipos más importantes de España surgen varias respuestas. Una es que parece que ambos tienen dinero para tirar y no les importa hacerlo. Otra, válida sobre todo para antes de la era de Internet, es que un buen vídeo “de lo mejor de” hace maravillas. Ahora prácticamente te puedes ver todos los partidos de un jugador en una temporada con los infinitos canales de las teles de pago, por lo que debería ser más difícil toparte con un jugador de éstos. Finalmente, uno piensa en los oscuros manejos entre bambalinas, chanchullos entre presidentes, representantes y fondos de inversión. Eso explicaría muchas cosas.

Claro que visto en perspectiva, todos estos jugadores acaban provocando unas cuantas risas al recordar sus peripecias. Sí, también dan disgustos, pero se acaban pasando con el tiempo. Fueron deportistas mediocres que al final acaban dando vidilla a muchas conversaciones. Y entre fichaje interminable y fichaje interminable, se agradecen estos temas más ligeros.

Un final de tragedia clásica

22/06/2015

Minuto noventa y dos y medio. Treinta segundos para que la árbitro decrete el final del partido. El resultado es de dos a uno. Un gol podría bastar para que el equipo que pierde pase de ronda. Por ello están en pleno ataque a la desesperada. Los nervios pueden jugar una mala pasada a cualquiera de los dos equipos y, como si Murphy estuviera escribiendo el guión del encuentro, así sucede. Una de las defensoras está en el suelo, dentro de la media luna. En su afán porque el partido termine corta la pelota con la mano. Reclamación de las atacantes, la árbitro ha visto la acción y señala la falta. Será la última del partido, porque con el tiempo que se tarda desde que se pita la falta hasta su ejecución se sobrepasa ampliamente el tiempo añadido. Tras las protestas, la colocación de la pelota y la barrera, tras las amonestaciones verbales de la juez de la contienda a las componentes de la barrera, tras el trazo de la raya que no ha de pisar la barrera, todo está dispuesto. La lanzadora mira con concentración y desafío hacia la portería. Suena el silbato. La lanzadora golpea, la bola vuela, traza una parábola maravillosa y por una décima de segundo el milagro parece posible. La pelota se estrella en el larguero y sale despedida fuera de la portería en lugar de botar hacia dentro. Pitido final. Estallido de alegría de las vencedoras. Caras de incrédula tristeza y lágrimas en las perdedoras. El espectador cierra la boca tras la sorpresa y trata de digerir lo que acaba de ver.

Con esta escena se despedía la selección española femenina de fútbol del Mundial de Canadá 2015. La participación de las chicas en la cita canadiense ya era todo un logro, teniendo en cuenta que la mayoría de ellas no son profesionales. La selección se marcha de Canadá con un empate y dos derrotas, última del grupo que la enfrentaba a Corea del Sur, Costa Rica y Brasil. Las sensaciones que dejan son agridulces. Ya las ha recogido la prensa, por lo que mi apreciación resulta poco útil, ya que no tiene nada nuevo que aportar. Podría comentar la falta de preparación de la selección, la falta de inversión por parte de la federación, podría comparar la situación de las futbolistas con las jugadoras de baloncesto, que están disputando el Europeo 2015, rayando a gran nivel hasta el momento. Podría hablar de todo eso, pero no. Lo que me interesa es ese final.

Si Aristóteles hubiera vivido en estos tiempos y hubiera tenido un mínimo interés en el deporte rey, cosa harto dudosa, hubiera estado encantado con el final del partido, siempre que hubiera sido un espectador neutral o hubiese apoyado a Corea del Sur. Entre el 335 a. C y el 323 a. C el filósofo escribió su Poética, análisis estético a partir de los personajes y la descripción del género trágico, ya que la parte dedicada a la comedia no ha llegado a nuestros días. En ella introduce un concepto que luego tomaría Freud para el psicoanálisis, la catarsis. Lo que pretendía tal fenómeno era que el espectador purificara sus bajas pasiones al verlas reflejadas en los personajes, y percibir los efectos del castigo sin experimentar el mismo. La obra que Aristóteles toma como referencia es el Edipo Rey de Sófocles que también sirve de inspiración a Freud—, en la que el rey de Tebas, Edipo, ha de investigar la muerte del anterior rey, Layo, para salvar la ciudad de la peste. Debido a las circunstancias vitales de Edipo, acaba descubriendo que él fue el asesino de Layo, que a su vez era su padre, y que estaba casado con su madre, Yocasta. La revelación del descubrimiento lleva al suicidio a Yocasta y a Edipo a cegarse y pedir el destierro, el peor castigo posible para un griego de la época.

Aristóteles analizaría el España-Corea del Sur de acuerdo con los siguientes postulados. Las virtudes de las españolas salieron en la primera parte: buen nivel defensivo y gran capacidad de generar ocasiones de gol, incluyendo la materialización de una, pero sus defectos, léase la falta de acierto de cara a portería que hubiera podido decantar el partido en la primera parte o al menos encarrilarlo, junto con un despiste defensivo en el primer tanto encajado y la mayor efectividad goleadora de las asiáticas, hicieron al combinado nacional pagar con la derrota un partido en el que hicieron méritos para llevarse los tres puntos. El final es el broche perfecto: España tiene una ocasión clara en el último minuto para al menos igualar la contienda (según El País no hubiera bastado, porque el empate hubiera dado el pase si Brasil hubiera ganado por más de dos goles a Costa Rica y sólo lo hizo 0-1) pero el larguero impide el premio, castigando a la Roja, aunque jugase de blanco el otro día.

Podemos discutir si es justo o injusto. Podemos hablar de si España mereció más. Podemos hablar de mil y una posibilidades, pero ciñéndonos a la tragedia clásica, es un final canónico. El espectador comparte la tristeza y el desasosiego de las jugadoras como si él hubiera estado disputando el partido. Fue además doblemente cruel, porque fue estéticamente maravilloso. De haber entrado, todo estaríamos alabándolo como un golazo, incluso si no hubiera servido para que la selección se clasificara. Hubiera mitigado el dolor de la eliminación el marcharse dejando un candidato al gol del torneo. En cambio el larguero puso una punta de veneno en el puñal que se clavó en el corazón de jugadoras y aficionados, digno de Benioff y Weiss, guionistas de Juego de Tronos, que a buen seguro hubieran puesto una sonrisa mefistofélica ante este desenlace. El final fue de una terrible belleza, por robarle la metáfora a William Butler Yeats, de quien se cumplió el 150 aniversario de su nacimiento hace unos días. Sonia Bermúdez no lo sabía, pero estaba escribiendo una obra maestra. Por desgracia para ella, para sus compañeras y los que veíamos el partido, fue un perfecto final de tragedia clásica.