Seis días

19/07/2016

Esta novela es una de ésas que, aunque capten tu atención cuando te enteras de su existencia, tardas un tiempo en leer. Si no recuerdo mal, fue este artículo en la revista Contexto el que me puso tras la pista de este libro, pero no ha llegado a mis manos hasta ahora. Y es una lástima haberme perdido Seis Días todos estos meses.

Ryan Gattis no estuvo en los disturbios de Los Ángeles de 1992, pero dada la recurrencia de los mismos en conversaciones que iba manteniendo con un grupo de grafiteros de South Central, estuvo dos años y medio documentándose para poder escribir Seis Días (All Involved, edita Seix Barral con traducción de Javier Calvo), una novela que se articula en torno al relato en primera persona de diecisiete personajes implicados de algún modo u otro en los disturbios. La mayoría son miembros de la banda de Gran Destino, pero también hay un bombero, una enfermera, un misterioso personaje que pertenece a alguna rama del ejército, un yonqui, un traficante, o un veterano de Vietnam totalmente desquiciado.

La acción se desencadena con el asesinato de un joven mexico-americano llamado Ernesto, que trabaja en un puesto de tacos en Lynchwood, South Central. Ernesto no está implicado en ninguna banda, pero paga las consecuencias de que sus dos hermanos pequeños sí lo estén. A partir de ahí se produce un efecto dominó que conduce a venganzas, robos e incendios entre bandas rivales, todo narrado con un ritmo feroz que no da apenas tregua al lector. Gattis acelera desde el primer minuto y no suelta al lector hasta el final, ni aún cuando llegan curvas cerradas. Y a pesar de que sean diecisiete puntos de vista los que se nos ofrece, están perfectamente hilados, no hay ninguno que esté fuera de lugar o sobre. A quien le guste buscar las costuras a la trama se las va a encontrar perfectamente rematadas.

Cada uno de los personajes están perfectamente definidos, incluso aquellos cuyo capítulo apenas ocupa unas páginas. Todos sin excepción tienen claros y oscuros que el autor muestra, pero no juzga. Incluso los pandilleros más violentos tienen algún detalle, algún gesto que invita al lector a simpatizar con ellos. Son otros personajes y no el autor los que ayudan a poner en perspectiva que estos muchachos, a pesar de ser muy jóvenes, matan, roban, extorsionan, trafican y consumen drogas. Pero no se nos presenta como una historia moralizante de la que haya que sacar conclusiones sobre lo bueno o malo de los actos de sus protagonistas. Es una historia descarnada, cruda, en la que unos pagan las consecuencias de actos propios o ajenos, sin un sentido estricto de la justicia. Durante los seis días que duraron los disturbios las leyes quedaron en suspenso e imperó el todo vale, la ley del más fuerte. Es el lector quien ha de sacar las conclusiones sobre el destino de los personajes. Y no son las más halagüeñas en general. Huelga decir que la propia ciudad de Los Ángeles no es un mero escenario, sino otro personaje más de la trama.

El estilo de Ryan Gattis ha suscitado comparaciones positivas con series como The Wire o The Corner, ambas creadas por David Simon para la HBO. Las similitudes son evidentes, tanto en la forma episódica y coral de la narración como en la crudeza de lo que se cuenta, así como en la ambientación en los barrios marginales de las ciudades de Baltimore las unas y Los Ángeles la otra. Tanto es así que la HBO ha comprado los derechos televisivos de Seis Días, noticia para poner los dientes largos a cualquiera. Si además confirmasen a David Simon a los mandos de la serie, las expectativas serían estratosféricas. En lo literario, se ha comparado a Gattis con Dennis Lehane o George V. Higgins, y aunque tiene similitudes con ambos, la comparación más acertada es la que hacen con Richard Price, autor de Clockers y Los Impunes, además de guiones para cine y televisión como El color del dinero o la propia The Wire. Ambos comparten la forma de describir escenarios de forma precisa pero no prolija, la definición de unos personajes contundentes y la ausencia de una mirada crítica con ellos: como el buen documental, dejan el juicio al lector.

Un punto donde me gusta pararme cuando leo novelas que están escritas originalmente en inglés es en la traducción, no en vano tiran los estudios de Filología Inglesa del arriba firmante. En este caso la traducción la firma Javier Calvo, un valor seguro en el oficio. Normalmente presto bastante atención a calcos que chirrían o a expresiones en jerga. En esta ocasión no hay pegas que poner con los primeros, y por lo que se deduce de lo leído, no hay mucha jerga en el original, o no es demasiado intrincada. Hace no demasiado tuve que dejar “Breve historia de siete asesinatos”, que compré en inglés, porque me perdía con el slang jamaicano (tampoco ayudaban las horas intempestivas ni la situación personal, pero eso es problema mío). En general, el trabajo de Calvo es bueno, pero cuesta emitir un juicio justo sin haber comparado original y traducción. Pero si aplicamos una frase que leí en internet, no news means good news, la falta de noticias son buenas noticias, podemos hablar de que el trabajo de Calvo son buenas noticias.

Hace unos años, un amigo de entonces y yo repetíamos a menudo una frase de la adaptación de Miedo y Asco en Las Vegas que dirigió Terry Gilliam, aunque no tiene tanta gracia como la que nos hacía a nosotros. En un momento dado, Raoul Duke (Johnny Depp) se hace pasar por piloto de la carrera que en realidad ha ido a cubrir. Cuando le preguntan qué moto conduce, él responde “Una… ¡de las cojonudas!”. Así leído no es la frase más memorable o divertida de la película, pero no se me ocurre mejor definición que ésa para esta novela. Seis días de Ryan Gattis es una de las cojonudas. Leedla, pero ya.

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