Reflexiones sobre Johnny Cash

01/10/2014

Cuando mi hermano se sorprende al verme con una lectura poco habitual en mí, me dice que he tenido un ataque de lector, haciendo un paralelismo con los entrenadores de fútbol, de los que se dice que sufren un ataque de entrenador cuando prueban variantes tácticas extrañas, o hacen cambios en principio poco comprensibles. Entre mis ataques de lector están leer las biografías de músicos que, aunque me gustan, no suelo conocer todo su repertorio, o no escucho a menudo. Me pasó hace tiempo con la biografía de Tom Waits, y en mi lista anda la de Miles Davis. La que me he estado leyendo estos días es la segunda autobiografía de Johnny Cash, publicada originalmente en el 97, veintidós años después de la primera (Man in Black), razón por la cual he preferido empezar por ésta.

Poco puedo aportar que no se sepa de la leyenda del country, más allá de mi particular relación con su música. Me atraen su voz grave, tanto de joven, como la de mayor, que alguien definió con acierto como de “abuelo favorito”. También me gusta, y mucho, la sencillez que consiguió en las grabaciones de los 90 y primeros 2000 con Rick Rubin, sin nada que demostrar a nadie, haciendo lo que le gustaba y sonaba bien, como él mismo admite en el libro. Y leyendo las palabras de Cash, también me gusta que su música conecte con su propia tradición, la del country que escuchaba de pequeño en la radio, tras una dura jornada recogiendo algodón. Hay cierta nostalgia de esos tiempos, pero sin glorificarlos, como él mismo admite: la recogida del algodón es mucho más llevadera con la tecnología actual.

En los 90, Cash se atrevió con versiones de grupos insospechados, como este Personal Jesus de Depeche Mode

Las autobiografías son un género complicado de evaluar. El autor se fía de su memoria para recordar hechos, y selecciona los que le parecen, o le conviene, obviando otros, quizá por repetidos hasta la saciedad, quizá porque así ocultan sus vergüenzas. La veracidad de lo que se cuenta está en entredicho. Por ejemplo, Cash habla del robo que hubo en su casa de Jamaica, aludiendo a que en otro momento su esposa contó los hechos a su manera, y que él no recordaba el incidente del mismo modo. A pesar de ello, la impresión que he tenido es que Cash intentó ser lo más sincero que pudo. Que los hechos luego coincidan con la realidad, o que haya incidentes que deberían estar y no están, es algo que no sé, porque no he leído más libros sobre la vida del músico. Eso no quita para que “Cash. La Autobiografía de Johnny Cash” sea una lectora amena e interesante. A mí me ha suscitado un par de reflexiones que quiero recoger en este texto.

La primera enlaza con un texto que escribí hace poco sobre el black metal y la política. Aunque he dicho que el libro es ameno, la parte centrada en el lado más espiritual y religioso del músico norteamericano se me hace más pesada, pues el tema en sí tiende a resultarme cansino. Hay que decir que tampoco es gran molestia, no cambia el ritmo narrativo, ni el estilo se vuelve más complejo, ni hay sobreabundancia de datos. Al ser un tema de poco interés para mí, se me hace más cuesta arriba terminarlo. Su religiosidad se trasladó a su música, bien con alusiones a dios, bien cantando himnos gospel. Esto se relaciona con el citado artículo de dos modos. Si el NSBM me da reparo escucharlo por su ideología, no tengo ningún problema con la música del Sr. Cash. Él no hace apología de la violencia y el racismo, ni siquiera intenta convertir a los oyentes a su credo. Es más, siempre se pone del lado del débil y el desamparado, como en Man in Black, la cual inspira mi alias en Twitter. La segunda conexión se debe a que la temática de las letras no impide que disfrute de la música. Me considero ateo, pero no significa que no aprecie la música de Cash por su fuerte contenido religioso, cuando lo hay. Igual que no me supone problema disfrutar de música sacra, maravillarme ante una iglesia antigua (hay que decir que, estrictamente desde la estética, las iglesias modernas me parecen feas con ganas) o quedarme anonadado ante el Descendimiento de Van der Weyden, por poner un ejemplo de pintura religiosa. Que esté en desacuerdo con las creencias que implican no significa que sea incapaz de apreciar el arte.

No puede faltar el Descendimiento de Van der Weyden1280px-Weyden_Deposition

La otra reflexión es más peliaguda, pero viene a confirmar una idea que tengo desde hace tiempo. Hay cierto sector de cualquier creencia religiosa que se cree superior moralmente al resto sólo por el hecho de tener esas creencias. (Recalco la construcción de la frase: un sector, no todo el conjunto de creyentes). Siempre he creído que esa noción es falsa. Uno puede seguir el credo que desee, pero eso no le hace mejor al resto. Son sus acciones las que determinan si son mejores o peores que el resto de los humanos. Johnny Cash era una persona profundamente religiosa, estudioso de la Biblia, pero eso no le impidió destrozar su primer matrimonio y hacer daño a sus hijas con su adicción a las anfetaminas, acuciado por su personalidad autodestructiva y tendente a la adicción, que tan bien reflejó en esa canción, con la que yo también me identifico, que es The Beast in Me (por cierto, gracias a este libro he aprendido que la canción no es de Cash, sino de Nick Lowe). Estuvo varias veces al borde de la muerte al conducir bajo los efectos de la droga, y llegó a provocar un incendio en un bosque, destruyendo el hábitat de una especie protegida de buitres. Cash narra la bochornosa escena del juicio, mostrándose avergonzado de su arrogancia producto de las anfetaminas. Las personas podemos regirnos por los más altos ideales, pero en última instancia, depende de nosotros, y no de ningún dios, actuar como lo hacemos. Pero este sector de creyentes al que me refiero se niega a reconocer esto, situándose en un pedestal desde el que intentan imponer sus ideales al resto, sin juzgar sus propios actos, que siempre son correctos desde su punto de vista, aunque sean cuestionables. Conseguir que esta gente se comporte de un modo más razonable sería un primer paso para una mejor coexistencia, pero es difícil que se produzca a medio plazo.

En suma, “Cash. La autobiografía de Johnny Cash”, no sólo me ha resultado una lectura agradable, además me ha reafirmado en mis ideas. Por tanto, es una lectura que recomiendo vivamente, incluso si no eres fan del Hombre de Negro.

The Beast in Me, que tan bien nos refleja…

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